lunes, 3 de marzo de 2008

Ser “beibo[1]”


“— Juan Carlos, ¿me querés?
—Y… estoy acá, Ana María”
Juan Pablo Geretto. Como quien oye llover

Queridos lectores: quería invitarlos a un minuto de reflexión, más bien a un llamado a la solidaridad sólo a los fines de alertar a la población respecto de una enfermedad epidémica que propaga cierto portador común que hemos dado en llamar los “beibo”.
Los “beibo” son un tipo particular de personas, aquellas a las que por dar una primera aproximación, cuando la invitamos a salir o cualquier evento— inclusive con toda nuestra vehemencia puesta en la cita— contestan: “yo no tengo problema”.
El beibo se camufla muy bien en sociedad. Lleva una vida plena, equilibrada, sostiene el éxito con facilidad, los amigos los recuerdan por… bueno, a veces los recuerdan. Son sumamente atentos, buenos anfitriones y utilizan perfectamente el protocolo pero en los casos más severos, cuando la beibidad no tiene remedio, se comunican exclusivamente mediante frases hechas del lunfardo o clichés como “es así” o “qué se le va a hacer”.
La actitud más corriente del beibo es forjarse una personalidad a imagen y semejanza de un collage logrado a fuerza de las conductas de los seres más carismáticos que lo rodean, pero en aquellos aspectos que no impliquen un riesgo, una elección o una exposición prolongada. No hay nada peor que un beibo sin memoria, porque suele adoptar como propias las opiniones de otro frente a él con total descaro, aunque es el primero en advertir “yo te lo dije” o dar lecciones de vida cuando alguien se equivoca, mete la pata o comete ese tipo de cosas que hacen a la existencia.
Beibo es universitario o cursa una carrera universitaria prestigiosa, sobre la que siempre alega que se trata de la más difícil; lo hace obligado por el mandato social y porque quiere ser independiente pero de algún modo se las arregla para terminar como súbdito de alguien a quien admira, relación que amerita el uso de un nosotros inclusivo en nombre de “la empresa” y despliega una concatenación de logros como parte de su curriculum excelso, con la patética salvedad de que ignora que nació con las cosas resueltas y piensa que se las arregló por su cuenta.
El beibo es ese tipo de personas que uno diría, “qué buen tipo, qué buena mina”, puesto que carece de rasgos sobresalientes, excepto la conformidad absoluta con todo. Las charlas con un beibo suelen ser monológicas, porque asiente permanentemente cual perrito de peluche en la guantera de un 504.
Beibo es un perfeccionista acérrimo y se jacta de eso. Todas las actividades que realiza son férreas, plenas de voluntad. Son el orgullo de su padre, un beibo de otra generación que lo ha disciplinado en la aceptación de ideas políticas descollantes y absolutas que se desarrollan en la mesa del domingo, ocasión que beibo-hijo/a jamás se pierde dado que se trata de la fuente semanal de recopilación de dictámenes que serán repartidos durante el resto de la semana en todo lugar adonde concurra.
La beibo-mujer suele ser recatada: se viste aniñadamente aún en su adultez y nunca encuentra un novio adecuado o tan perfecto como su padre. De manera que aleja todas las oportunidades sosteniendo que ella es despampanante, y que, por lo tanto, los hombres le temen. A partir de su segunda década de vida, colabora cada vez más con las actividades de su madre, a quien acompañará de un modo rastrero en las tareas domésticas e inclusive planearán vacaciones solas como dos viejas amigas.
Beibo-hombre no se preocupa antes de los treinta por conseguir una relación duradera. Sabe que por selección natural obtendrá a la mujer correcta, habilitada por su familia de alto linaje, y de la cual se enamorará por lo que los demás dicen de ella. Mientras tanto, en su escaso tiempo libre, puede llegar a conquistar a alguna mujer legitimada por sus amigos sólo para ocultar su inexperiencia o ese ‘secreto freak’ de carácter físico o moral que todo beibo esconde. En interacción, su machismo exacerbado le impide ver que los errores que cometen no son pura responsabilidad de la mujer de turno, condenada a una imperfección creciente por haberlo interpelado, al menos indirectamente, respecto de su carácter béibico. Lo cierto es que nunca pasa de la primera base: su gran oferta es la oportunidad de conocerlo, sacarte a pasear un par de veces y terminar la nunca consolidada relación antes de que se genere cualquier tipo de consecuencias o riesgos de compromiso sentimental. Pero como es un auténtico redentor, él no quiere lastimarte y te explica que eras casi lo que estaba buscando…casi.
Jamás se da por aludido de la vida, las cosas le pasan y, cuando se entera, las representa según el Plan Maestro que el destino diseñó para él. En definitiva, estos seres hacen honor a la actitud de “al cabo que ni quería” en lo que atañe a las relaciones amorosas, ya que el resto de las iniciativas son reguladas por el mercado y el consumo.
Como verán, no es nada fácil lograr la detección del mal a partir de esta sucinta descripción, sin embargo es importante empezar a generar conciencia en la población ya que el diagnóstico prematuro puede evitar no sólo que la enfermedad se propague, sino que avance en una misma persona.
Por favor, si tuviste la oportunidad de conocer a un beibo, llamá a las autoridades más cercanas que ellos te dirán qué hacer. Si tenés alguna inquietud, éste es un espacio donde podés formular tus preguntas y evacuar todas tus dudas. Desde ya, muchas gracias.




[1] Categoría gentileza MFB

12 comentarios:

Cualquier Boludo dijo...

Tengo más preguntas que respuestas ¿Los beibos tienen cura? ¿Quieren curarse? ¿Qué tan contagioso es lo que tienen? ¿No habría que declarar una cuarentena? ¿Alcanza con sólo 40 días de aislamiento...?

Stella Maris Closas dijo...

querido lector: los beibos nunca saben que lo son. De ahí la gran dificultad. No importa que se los aísle, porque si no tienen a quien imitar quedan configurándose en el recuerdo de las muestras que tomaron. Sería interesante hacer un autotest para ver si tenemos algún principio, aunque hay gente más propensa que otra... es el sistema inmunológico, vio?

Cualquier Boludo dijo...

En el "sistema inmuno"

M O C R U B A dijo...

Stella Maris!!!!! síííí, cuánta razón tenés, yo conocí un beibo.
mi relación que nunca llegó a ser relación duró algo más que un mes.Mi beibo tiene todas las caracteísticas: odontólogo, 33 años años de soltería,devoto cristiano,busca a la mujer perfecta, su madre le aprueba o desaprueba sus parejas, yo tuve la "suerte" de ser elegida porque "conocía" a mi familia,en realidad creo que le gustaba mi mamá, o se habrá enamorado de mi papá.Algo que creo que te olvidaste: un beibo es aburridísimo! Agradezco a la vida haberme cruzado con uno de estos seres, me hizo revalorizarme y saber que lo que pudo haber sido hubiera sido una pesadilla!!!!
Saluditos de tu amiga Cristina Alberó

Stella Maris Closas dijo...

Querida Cristina: Estás en lo cierto! El beibo no tiene gracia. Una cree en principio que es un ser misterioso, enigmático como Bond, James Bond, pero no. Sencillamente, es de caucho!! Muy valioso su aporte como siempre. Cariños y hasta entonces

La candorosa dijo...

Viendo la personalidad de los beibos, ya estoy pensando en que lo más correcto sería ir pensando en una vacuna...
Beibo se nace ¿o se hace?...

Terrible, ¡¡liberemos al planeta de los beibos, yaaaa!!!

Saludos!!!

PD: ¡¡¡he vuelto a la vida cibernética!!!

Roberto Sánchez dijo...

Seria conraproducente matar a los beibos porque aparecerían manifestaciones a su favor tales como banderas en el corazón de la hinchada de Boca que recen : Beibo somos todos

salud y buenos alimentos

Stella Maris Closas dijo...

Querida candorosa, seria un debate entre el psicoanalisis y la biologia determinarlo. Yo creo que un beibo es siempre hijo de otro beibo, pero vaya a saber si es la crianza o los genes! Bienvenida a la interne, espero en breve poder decir lo mismo.
Querido Sandro, si la opinion publica apoya a los beibos como al campo estamos fritos. Gracias por venir, ya saben que la casa es chica pero el corazon es grande, carinios!
p/d> no hay tildes, ni enies maldito ciber!!

Agua dijo...

Oh, Oh, creo haber visto un lindo beibo! ¿Cómo se libra uno de ellos?
Besos

Stella Maris Closas dijo...

Es selección natural,adorada Susana. Si no sos beibo, es un padecimiento efímero. Cariños!

La candorosa dijo...

¡¡Vuelva pronto mujer!!!
Se la extraña, caramba!!!

Saludos!!

Anónimo dijo...

Que yiyi mais chúlina!